Pequeñas cosas que ignoramos
Regresar de un viaje significa en ocasiones un gran golpe. Sí, un golpe nefasto que sufrimos al abandonar las levantadas temprano para salir de la cama felices y motivados para desbravar nuevos lugares y partes de la ciudad o pueblo que estamos visitando.
Pequeñas cosas que ignoramos
Asi es, este sentimiento el cual describo lo denominaré: la melancolía de lo ajeno. Mi caso particular: El regreso de la Ciudad de México. Esta ciudad sin duda se convirtió en un lugar de esos que te dejan marcados para siempre. Sin embargo, a la hora de partir de ese tipo de destinos, nunca, pero nunca estamos realmente preparados para empacar nuestras maletas e irnos de vuelta a las rutinas de café, galletas, frutas, buses y tránsito matutino.
Leyendo un libro encontré una idea que me pareció interesante. El personaje principal se dedicaba enteramente durante sus días y noches a tomar fotos de elementos que eran ignorados dentro de la realidad acelerada y agitada de su ciudad y casa.
Haciendo uso de esa propuesta, decidí curar el regreso a casa haciendo un homenaje a esos símbolos rutinarios que pueden ser algo más que compañeros olvidados en el suelo o en la mesa. Pues ellos también tienen una historia a ser contada y una belleza que el andar apresurado a veces no nos permite ver.
Un híbrido perfecto entre la rutina y el lugar que se dejó atrás.
Estos amigos pisaron nuevas calles. Hoy regresan a los andenes y desniveles del asfalto conocidos.
Esta foto, un recordatorio para no extralimitarme al andar
Finalmente, la motivación para nunca olvidar que nuestra base es la que nos levanta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario