viernes, 16 de febrero de 2018

"No soy gordo, soy nalgón"

Por Eric Malo

Leyendo durante los últimos días me encontré con esta frase con la que Juan Fernando Quintero llegó a regatear a los periodistas argentinos, quienes se preocuparon por la falta de abdominales de la última contratación del club River Plate. No había entrado en campo, ni siquiera tocado sus guayos y ya ponía un pase al vacío con tremenda frase.

Se habla mucho de este jugador por su “falta de compromiso” “por su amistad con el reggaetonero Maluma” por “sus apariciones en redes sociales que a muchos enojan y a otros cautivan”. Mucho se dice y nada se sabe. Por eso, ¿por qué no jugar a ser JFQ por un día para ver que lo que se siente?
Seguramente Juan Fernando Quintero en sus mañanas, se levantará pensando en los viejos tiempos. En cuando su camisa era la numero diez en el Porto de Portugal mientras prepara su café y huevos para el desayuno, revisará la cara del portero de Costa de Marfil, al que le anotó un gran gol con su zurda endiablada. Luego de tal análisis mental. Irá a la ducha, pensará en lo que será su día en una escuadra como River Plate, donde las exigencias son altas y la paciencia escasea.
Sin embargo, Juan se pone frente al espejo y sabe que tiene algo que brilla por su ausencia en la actualidad. Esa chispa latina que pone a bailar defensas y volantes de marca a su antojo: Esa picardía, ese pase al vació que deja defensas en el piso buscando la bola. Ese fútbol de genialidades donde estos magos tocan la bola y te resuelven un partido. Por esa habilidad con su pierna izquierda se llegó a decir que sería el próximo James, que iría al Arsenal, que el Manchester United lo había visto. Pero, dicen por ahí: las promesas se hacen para no cumplirlas y está bien que así lo sea.
Después de desayunar, se irá al campo y se pondrá su camisa, la número diez, o la veinte o alguna con un cero a la derecha. Iniciará su recorrido con la bola por la derecha hacía el centro del campo donde luego mandará una bombarda al angulo de la portería rival. Será un gol. Él no se sorprenderá, pues sabe de sus habilidades, no obstante se preocupará porque sabe que el fútbol es ingrato; te dice un día que te va a ser campeón del mundo y al otro te pone a jugar en un equipo de la división más olvidada.
Entonces, “Quinterito” todos los días se pondrá la ocho de River, saltará a la cancha con una sensación diferente. Pidiendo que la magia y la filatelia le responda.
Tras bambalinas nunca vemos. Pero con certeza, después de sus intervenciones con River, Quintero se quitará su camisa, se desatará los guayos para luego disponerse a llegar a su casa donde el silencio lo enfrentará a sus propios demonios. ¿En qué pensará Quinterito? ¿Será que le desvela jugar el mundial de Rusia? ¿Será que se siente igual ponerse la diez del Porto a ponerse la diez del DIM? ¿Cuál de esas camisetas lo hizo sentir más vivo? ¿Cuál habrá sido el gol que más gritó con el Nacional de Medellin? ¿Qué habrá sentido cuando le dijeron que no iba más en el Porto?
Muchos dicen que el ser futbolista es solo andar de parranda y entrenar. Seguramente, por momentos lo sea. Pero, con plena certeza habrá días que Quintero deba ir a casa, cenar solo, y traer a la mente esos gritos ahogados en las gargantas de tantos hinchas que él con un pase entre lineas que  terminó en gol destrabó .
El silencio y el techo de su habitación de paredes de color blanco opaco le permitirán sosegarse para pedir porque la magia de esa zurda no decida irse. Que lo acompañe, que aún posea la pólvora necesaria para intimidar los arcos contrarios por más tiempo. Finalmente Juan Fernando entre los gritos y el silencio cierra los ojos una noche más sabiendo de su responsabilidad que va más allá de lo que se hable de unas nalgas grandes.

Imagenes:
Vavel.com
http://estiempoderiver.com/juan-fernando-quintero-espero-historia-river/


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